martes, 1 de septiembre de 2009

1. Marìa

María ya no quiere ser niña grande. Cuando lo sea los diversos monstruos que habitan en el mundo tendrán derecho a morderla y eso la asusta. Al crecer podrán comerla sin compasión y es muy difícil que pueda defenderse.

Siempre será más sencillo que sean vistos como niños buenos en vez de María; que los denoten inocentes, y a ella culpable. Igual, ella tiene muy pocas probabilidades de poder demostrar lo contrario. Las nociones de “fácil” y “alegre” podrían perseguirla hasta acorralarla. Las palabras “querer” y “hacer”, probablemente serian su condena.

Y es que ¿quien le creerá a la dulce María? Se sentarían a escuchar una niña miedosa con el corazón herido que podría ser paranoica si quisiera. Así la formo la vida. Así fue. Creer que quepan tantas cosas en una persona como ella, hay!, que difícil es.

Se supone que María tiene una vida normal (jajaja), su casa, su estudio, su familia completa, sus amigos… he ahí a María; alguien como todas las demás, tan común, tan igual…

Ella en realidad no quiere crecer; pensando en que así de niña ha sufrido tantos ataques, no quiere imaginarse cómo será después. Hay monstruos impunes que rondan por la calle mientras ella sigue con dolor. Que irónico. Ella triste y silenciosa escondiendo sus heridas Escondiendo esas verdades tomadas por locura. Escondiéndose y pensando un porque, pensando en su propensidad, en esa enfermedad llamada deseo, en esa otra llamada pasión. Sabe que de ahora en adelante nada será igual.

A María le asusta llegar a ser un día el regalo de un cumpleaños o la sorpresa de una navidad; su cuerpo no quiere ser sorpresa de nadie, solo quiere ser de si mismo, su dueño y señor al menos por un instante. No desea ser víctima de monstruos que manejen su ser a su antojo infundiéndole terror. Ya no quiere estar jugando a las muñecas y que unas manos la sorprendan con un mal dentro de sí. María quiere descansar.

Además de todo esto, María le tiene miedo a la guerra por ser partícipe de ella; y mas que miedo le produce molestia. Lo que más le molesta de la guerra es cuando ve su cuerpo hecho campo de batalla, o cuando se encuentra como campo letal de un sucio juego. Eso le produce disgusto.

A sus pocos años, María ha conocido sin deberlo, el significado de las palabras horror y pánico y de las palabras monstruoso, injusto e impunidad. Ella ha vivido la palabra silencio, y con todo y saber usarla ha producido siempre el mismo resultado, que todo siga igual; así como la palabra verdad, que es cambiante y situacionista, y que lastimosamente se acomoda a lo que más le convenga. Y también a conocido las palabras grito o confesión, que lo único que han hecho es hacerla llorar.

Para ella crecer es sinónimo de miedo, de terror, de dolor. Apenas siendo una niña ya han hecho de ella mucho de lo que no debería ser. Han transformado su cuerpo, su alma y su cerebro en un laboratorio de maldad. Y han sido aquellos monstruos que apenas crezca, de una manera más abierta, la atacaran sin cesar. Aquellos que han obrado en ella generándole su horror de ser; esos que han jugado con ella y no quieren dejar de jugar.

Ellos fueron quienes le pusieron en la mente la tortura sobre el hecho de ser niña grande; y quienes cuando sea grande la van a morder intentando comer toda su carne como ha sucedido hasta ahora, solo que abiertamente y no tan ilegal. Quienes han disfrutado de ella desde siempre. Por eso, María no quiere crecer.

A María le mataron la inocencia, ¿que vamos ha hacer?